En un artículo anterior vimos que, paradójicamente, el exceso de inteligencia emocional puede volverse en tu contra. Esto ocurre cuando la información que captas sobre el estado emocional de tu interlocutor te lleva a sobreinterpretar su reacción como un rechazo, anulando o condicionando tu respuesta. Aquí tienes tres maneras de no caer en la sobreinterpretación.
Pregúntate primero qué esconde tu actitud
Dentro de las competencias de la inteligencia emocional —que dominas con soltura—, están el autoconocimiento y la autorregulación. Seguramente tú también cuentas con ellas. Demuéstralo entendiendo por qué te callas o cambias de tema cuando piensas que la otra persona no opina como tú. Puede que con tu actitud, más que cuidarla a ella, estés protegiendo tu propia comodidad emocional evitando el desacuerdo.
Si esta tendencia es inconsciente, una forma de detectarla es volver al método que propone Enrique García Huete en su libro Aprender a pensar bien observando qué sientes, qué piensas y volviendo a pensar.
- Qué digo: He disfrutado mucho este libro de manga.
- Qué ocurre: Pepe arquea las cejas.
- Qué siento: Frío en las manos, una emoción negativa.
- Qué pienso: A Pepe no le gusta el manga.
- Qué hago, en vez de minimizar mi opinión o cambiar de tema:
- Pienso si es adecuado que me sienta incómoda porque Pepe tenga gustos diferentes. Quizá él simplemente no quiera intervenir en ese momento.
- Prosigo: Me gustan las historias que muestran cómo se cruzan las vidas de personas muy distintas a mí en un país muy distinto.
➡️ Solución 1: Haz uso de tu inteligencia emocional cuestionando tus propias reacciones.
Ten en cuenta las circunstancias de cada persona
No olvides que la información que recibes es una hipótesis, no una certeza. Detrás de una reacción o de un gesto pueden esconderse circunstancias anodinas que no conoces, tales como cansancio, dolor de cabeza o distracción.
Cada persona hace su propia interpretación según su estado físico y emocional, su cultura o su educación. Paul Watzlawick, Janet Beavin y Don Jackson, de la Escuela de Palo Alto, explican en su “Teoría de la comunicación humana”, publicada en 1960 , que no hay una única realidad comunicativa, como se pensaba hasta entonces, según la teoría matemática de la comunicación de 1948 de los científicos Shannon y Weaver, sino múltiples realidades subjetivas.
- Qué digo: He disfrutado mucho este libro de manga.
- Qué ocurre: Pepe arquea las cejas.
- Qué pienso: A Pepe no le gusta que me guste el manga.
- Qué hago, en vez de minimizar mi opinión o cambiar de tema:
- Pienso que quizá nunca haya leído manga.
- Pregunto: ¿Has leído algún libro de manga?
➡️ Solución 2: Evita interpretaciones erróneas centrándote en el contenido y evitando poner el foco en lo relacional.
Recuerda que cada persona tiene su propio código comunicativo
Todos nos expresamos de manera distinta. Para facilitar la descodificación de los mensajes, ten presentes los tres canales de comunicación:
- Las palabras
- El tono, el ritmo o las pausas
- Los gestos, la postura y la expresión facial
La teoría de la complementariedad de Albert Mehrabian («Silent Messages», 1971) estipula que el 7% del impacto comunicativo procede de las palabras, el 38% de la comunicación oral y el 55% del lenguaje corporal.
Si las palabras dicen una cosa y el cuerpo otra, observa el conjunto antes de sacar conclusiones precipitadas.
- Qué digo: He disfrutado mucho este libro de manga.
- Qué ocurre: Pepe arquea las cejas y mira de reojo el móvil.
- Qué pienso: No le gusta el manga.
- Qué hago, en vez de minimizar mi opinión o cambiar de tema:
- Pienso que quizá tenga prisa.
- Añado: Cuando sea mejor momento te cuento por qué me ha gustado.
➡️ Solución 3: Asegúrate de haber entendido bien, haciendo preguntas abiertas o cerradas de tanteo, del tipo de “Creo comprender…”, que te permiten confirmar antes de interpretar.
Gestionar el exceso de inteligencia emocional pasa por preguntarte por qué minimizas o escondes tu opinión cuando interpretas reticencia en tu interlocutor. Para contrarrestarlo, céntrate en tu mensaje —no en lo que crees que ocurre en la relación— y haz preguntas antes de interpretar.
Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de casi doscientas novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.



