Colaboro con una profesora universitaria que necesita trabajar por teléfono, porque le “ayuda a pensar y a expresarse mejor”.
Se trata de una persona algo más que habladora. Puede desenvolverse sin orden del día. La inmediatez es su resorte, y lo cierto es que su espontaneidad genera ideas frescas y mucha libertad. Trabajando codo con codo con ella, me parece casi impensable poder desenvolverse en el ámbito laboral sin ese don de la improvisación.
Pero son numerosos los profesionales que, pese a no tenerlo, aportan mucho a sus equipos. Conozcámoslos mejor.
Los profesionales a quienes les gusta improvisación
Hay profesionales que piensan mejor hablando, que afinan sus ideas en la interacción y que necesitan contrastar lo que piensan con los demás para seguir avanzando. En reuniones, tienden a intervenir sin esperar su turno, a elaborar sobre lo que dicen otros .
La energía que generan es valiosa. Ese intercambio rápido es ideal en dinámicas de ideación o en espacios abiertos de debate.
Su comunicación es directa y ágil y prefieren conversaciones frente a mensajes escritos sobre todo si son largos y detallados.
Para aprovechar al máximo lo que aporta al grupo su forma de trabajar, lo ideal es facilitar su intervención desde el inicio e incluir momentos informales, antes o después de las reuniones, donde puedan dar rienda suelta a su espontaneidad.
Los profesionales que no saben improvisar
Los que son reflexivos y necesitan tiempo para procesar la información tienden a ser:
- analíticos
- rigurosos con los matices
- buenos planificadores
¿Se puede decir que son introvertidos porque necesitan (como explicaba aquí) análisis y preparación? Quizá. Pero tengamos en cuenta que su necesidad de anticipación puede no darse en otra situación laboral. Y, por otro lado, no olvidemos que dicha necesidad no se limita a un tipo específico de personalidad.
Lo que sí parece claro es lo mucho que aportan al equipo los profesionales más reflexivos:
- su procesamiento profundo de la información los lleva a tomar decisiones contrastadas
- su enfoque, más pausado y minucioso, suele conducir a soluciones probadas
Cómo involucrar a los profesionales que no saben improvisar
Reconocer la diversidad de personalidades en un grupo es el primer paso. Luego viene el reajuste de las dinámicas. Estas son algunas sugerencias para sacar los mejor de aquellos que necesitan pensar antes de hablar:
1- Convocar con unas horas de antelación
➡️ Ejemplo: Reunión de revisión de estrategia
Tener un preaviso, aunque sea breve, para una reunión suele bastar a casi todos los profesionales que necesiten prepararla. Ubicar y revisar la información para poder presentarla de manera estructurada y fluida sin duda aportará más valor al equipo.
2- Incluir unos minutos de reflexión individual en el orden del día
➡️ Ejemplo: Sesión de lluvia de ideas
A veces, las convocatorias tienen que hacerse sobre la marcha. En estos casos, se puede incluir al inicio cinco minutos de reflexión silenciosa e individual. Algunos profesionales solo demandan ese tiempo para tener la oportunidad de generar, anotar y estructurar unas ideas preliminares relevantes que pueden marcar la diferencia para todos.
3- Sticky Note Ideas: Each participant writes ideas on sticky notes which are then posted on a board for everyone to see.
4- Use a facilitator Use a Facilitator: A neutral person can guide the discussion, ensuring that everyone gets a chance to speak and that dominant voices don’t overshadow others.
Round Robin: Everyone in the group takes a turn to express an idea. This ensures each person has an opportunity to speak.
Just as you prefer to think through your ideas before you talk about them,
Ser conscientes de cómo hacemos las cosas, cómo las hacen los demás y lo que cada uno aporta es básico para colaborar mejor en el trabajo. Tener en cuenta las preferencias individuales puede transformar el entorno laboral haciéndolo más eficaz y también más sano.
Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.
Foto de Nazar Yakymenko.



