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Tres pasos para el cambio emocional

Tres pasos para el cambio _ Conversación con Sara Lázaro, mentora de inteligencia emocional

Hoy hablo con Sara Lázaro mentora de inteligencia emocional, creadora del Método Blanc® y autora del libro «Emociones en juego». Para un proceso de cambio personal hay que seguir tres pasos. Reconocer aquello que queremos cambiar reconociendo las emociones negativas, buscar el cambio y empezar a modificar los comportamientos.

Primer paso para cambiar emocionalmente: Reconocer que hay una emoción que no favorece

En este primera fase, Sara explica cómo reconocer la emoción escondida detrás de una frustración.

Lee en mi artículo Cómo hablarte sin hacerte daño:

✔️ Cómo localizar las emociones en el cuerpo

✔️ Cómo parar y sentir diferente

Segundo paso para cambiar emocionalmente: Buscar el cambio

En la segunda fase, según Sara, hay que tener las agallas de querer mirar hacia adentro.

Lee en mi artículo Cómo cambiar:

✔️ El cambio solo es posible si es el momento oportuno

✔️Para cambiar hay que querer desapegarse de nuestra identidad.

Tercer paso para cambiar emocionalmente: Modificar los comportamientos

En la última fase el cambio ya va notándose y muchas veces mucho más rápido que lo que pensábamos, explica Sara.

Lee en mi artículo Cómo comunicar mis necesidades personales:

✔️ Cómo pedir las cosas responsabilizándote de tus emociones.

La metodología que ha creado Sara, el Método Blanc®, es para líderes que quieren colaborar eficientemente con sus equipos y que saben que su estado emocional impacta directamente en los demás.

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Comunicación intrapersonal, ,
una de las tres vías para reconducir el exceso de empatía

El peligro de sobreinterpretar a los demás

En un artículo anterior vimos que, paradójicamente, el exceso de inteligencia emocional puede volverse en tu contra. Esto ocurre cuando la información que captas sobre el estado emocional de tu interlocutor te lleva a sobreinterpretar su reacción como un rechazo, anulando o condicionando tu respuesta. Aquí tienes tres maneras de no caer en la sobreinterpretación.

Pregúntate primero qué esconde tu actitud  


Dentro de las competencias de la inteligencia emocional —que dominas con soltura—, están el autoconocimiento y la autorregulación. Seguramente tú también cuentas con ellas. Demuéstralo entendiendo por qué te callas o cambias de tema cuando piensas que la otra persona no opina como  tú. Puede que con tu actitud, más que cuidarla a ella, estés protegiendo tu propia comodidad emocional evitando el desacuerdo. 

Si esta tendencia es inconsciente, una forma de detectarla es volver al método que propone Enrique García Huete en su libro Aprender a pensar bien observando qué sientes, qué piensas y volviendo a pensar. 

  • Qué digo: He disfrutado mucho este libro de manga. 
  • Qué ocurre: Pepe arquea las cejas.  
  • Qué siento: Frío en las manos, una emoción negativa.  
  • Qué pienso: A Pepe no le gusta el manga. 
  • Qué hago, en vez de minimizar mi opinión o cambiar de tema:
    • Pienso si es adecuado que me sienta incómoda porque Pepe tenga gustos diferentes. Quizá él simplemente no quiera intervenir en ese momento.
    • Prosigo: Me gustan las historias que muestran cómo se cruzan las vidas de personas muy distintas a mí en un país muy distinto.

➡️ Solución 1: Haz uso de tu inteligencia emocional cuestionando tus propias reacciones.

Ten en cuenta las circunstancias de cada persona  

No olvides que la información que recibes es una hipótesis, no una certeza. Detrás de una reacción o de un gesto pueden esconderse circunstancias anodinas que no conoces, tales como cansancio, dolor de cabeza o distracción.  

Cada persona hace su propia interpretación según su estado físico y emocional, su cultura o su educación. Paul Watzlawick, Janet Beavin y Don Jackson, de la Escuela de Palo Alto, explican en su “Teoría de la comunicación humana”, publicada en 1960 , que no hay una única realidad comunicativa, como se pensaba hasta entonces, según la teoría matemática de la comunicación de 1948 de los científicos Shannon y Weaver, sino múltiples realidades subjetivas. 

  • Qué digo: He disfrutado mucho este libro de manga. 
  • Qué ocurre: Pepe arquea las cejas.  
  • Qué pienso: A Pepe no le gusta que me guste el manga.
  • Qué hago, en vez de minimizar mi opinión o cambiar de tema:
    • Pienso que quizá nunca haya leído manga.
    • Pregunto: ¿Has leído algún libro de manga? 

➡️ Solución 2: Evita interpretaciones erróneas centrándote en el contenido y evitando poner el foco en lo relacional.

Recuerda que cada persona tiene su propio código comunicativo 

Todos nos expresamos de manera distinta. Para facilitar la descodificación de los mensajes, ten presentes los tres canales de comunicación: 

  • Las palabras
  • El tono, el ritmo o las pausas
  • Los gestos, la postura y la expresión facial

La teoría de la complementariedad de Albert Mehrabian («Silent Messages», 1971) estipula que el 7% del impacto comunicativo procede de las palabras, el 38% de la comunicación oral y el 55% del lenguaje corporal. 

Si las palabras dicen una cosa y el cuerpo otra, observa el conjunto antes de sacar conclusiones precipitadas. 

  • Qué digo: He disfrutado mucho este libro de manga. 
  • Qué ocurre: Pepe arquea las cejas y mira de reojo el móvil. 
  • Qué pienso: No le gusta el manga. 
  • Qué hago, en vez de minimizar mi opinión o cambiar de tema:
    • Pienso que quizá tenga prisa.
    • Añado: Cuando sea mejor momento te cuento por qué me ha gustado.  

 ➡️ Solución 3: Asegúrate de haber entendido bien, haciendo preguntas abiertas o cerradas de tanteo, del tipo de “Creo comprender…”, que te permiten confirmar antes de interpretar.

Gestionar el exceso de inteligencia emocional pasa por preguntarte por qué minimizas o escondes tu opinión cuando interpretas reticencia en tu interlocutor. Para contrarrestarlo, céntrate en tu mensaje —no en lo que crees que ocurre en la relación— y haz preguntas antes de interpretar.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarzacorrectora de estilo y traductora de casi doscientas novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

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Comunicación interpersonal, , ,
Mujer que por exceso de empatía se calla o dice lo que dice su interlocutor.

Cuánta es demasiada inteligencia emocional

Ser hábil leyendo a los demás facilita la conexión, pero el exceso de esta capacidad puede convertirse en un obstáculo para la comunicación eficaz.  

Si eres una persona ultraconsciente del efecto de tus palabras, aquí te presento dos situaciones que indican que tu conciencia social -uno de los componentes de la inteligencia emocional según Daniel Goleman- puede no favorecerte. 

Cuando la lectura emocional te aleja de tu mensaje

La capacidad de captar todo tipo de señales del entorno es valiosa, como leerás aquí, pero puede volverse en tu contra. Por ejemplo, cuando al hablar adaptas constantemente tu mensaje en función de lo que ocurre —una mirada, un gesto, un silencio—, puedes acabar modificando sin darte cuenta lo que ibas a decir, como en la situación siguiente.

  • Pepe: He disfrutado mucho este libro de manga. 
  • Luisa arquea las cejas. 
  • Pepe piensa: No le gusta el manga 
  • Pepe añade: No es que me entusiasme el manga, pero este tipo no está mal.

Esta actitud de adaptación de Pepe según la reacción de Luisa denota que olvida que lo que percibe (a Luisa no le gusta el manga) es una interpretación, no una realidad. 

Como consecuencia, su mensaje se vuelve ambiguo y pierde claridad en la comunicación interpersonal. 

⚠ Esta tendencia es problemática si es tu manera espontánea y no intencionada de reaccionar.

Cuando tu lectura emocional te lleva a anular tu opinión

Evitar ciertos temas para no generar conflicto puede ser un acto de inteligencia emocional. Pero otra cosa es ceder sistemáticamente cada vez que crees percibir una reacción negativa en el otro, como en esta situación:

  • Pepe: He disfrutado mucho este manga seinen
  • Luisa arquea las cejas. 
  • Pepe piensa: No le gusta el manga 
  • Pepe cambia de tema.

⚠ Modificar o silenciar tu mensaje solo por la reacción ajena provoca dos consecuencias negativas:

  • sin autenticidad no hay confianza, lo que acarrea desconexión;
  • se debilita tu coherencia interna, lo que Carl Rogers expresa con el concepto de congruencia, es decir, la alineación entre lo que se siente, se piensa y se expresa.

En este post puedes leer mi propuesta sobre cómo modificar esta conducta mediante la comunicación.

La alta sensibilidad y la lectura emocional

Las personas con una sensibilidad alta poseen la valiosa capacidad de comprender lo que piensan los demás, según demuestra un estudio sobre la sensibilidad y las relaciones personales publicado en 2024 por Benjamin A. Tabak et al. Según los autores, estas personas también tienden a sentir la necesidad de gustar a los demás.

La combinación de estas dos conclusiones puede ser un condicionante a la hora de expresarse. Si una persona capta cambios sutiles en la voz, el gesto y la energía, que ponen de manifiesto que su interlocutor no está de acuerdo con ella, su percepción puede llevarla a modificar su mensaje.

Tener una inteligencia emocional alta es una fortaleza en comunicación, pero para convertirla en una herramienta de conexión se debe acompañar de autenticidad.

Para escribir este texto he consultado el material formativo sobre sensibilidad de procesamiento sensorial ofrecido por PAS España y la web de Elaine Aron, The highly sensitive person, donde también se recoge la más reciente investigación científica sobre este rasgo.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarzacorrectora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

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Comunicación interpersonal, ,
Cómo ser capaces de leer a los demás

Cómo leer a los demás

Carlos acaba de enterarse de que su equipo ha recibido un premio de la industria.

José, que se acercaba a su mesa con la intención de pedirle un informe, lo felicita y da por concluido el intercambio.

¿Te reconoces en el comportamiento de José? Su reacción esconde dos componentes de la inteligencia emocional: tras comprender los sentimientos de Carlos, controla su impulso de hablar.

Si no te reconoces, para ganar inteligencia emocional, basta con que pongas en práctica lo que te presento aquí.

La inteligencia emocional: saber leer a los demás

Según Daniel Goleman, psicólogo y divulgador que popularizó la inteligencia emocional en la década de 1990, la inteligencia emocional se compone de cuatro grandes dimensiones:

  • Auto conciencia emocional
  • Autogestión
  • Conciencia social
  • Gestión de las relaciones

La capacidad de “leer a los demás” forma parte de la tercera dimensión. Incluye percibir estados emocionales ajenos y captar señales no verbales para comprender cómo se siente la otra persona. Es la base sobre la que se asienta cualquier interacción eficaz.

La mayor parte del tiempo, la prosodia y la comunicación corporal de nuestro interlocutor nos proporciona un contexto valioso para entender sus palabras. Esa información nos permite formarnos una idea completa de la situación.

Otras veces, su gestualidad o su voz expresan lo que las palabras no llegan a desvelar. Captar esos matices nos permite comprender mejor el mensaje.

Si comprendemos las palabras de nuestro interlocutor, teniendo en cuenta su estado emocional, podremos decidir si es el momento oportuno para hablar. Cuando leemos que nuestro interlocutor no está receptivo y, por lo tanto, no va a recibir adecuadamente nuestro mensaje, lo mejor será posponer la conversación

Así, el primer paso para demostrar inteligencia emocional, priorizando la efectividad de la comunicación por encima de su urgencia, es tener la capacidad de leer a los demás.

La inteligencia emocional se puede aprender

Las dos corrientes principales que explican la naturaleza de la inteligencia emocional son:

La inteligencia emocional como rasgo

Esta corriente, liderada por K. V. Petrides , afirma que la inteligencia emocional forma parte del ámbito de la personalidad. Pese a ello, Petrides sostiene que puede entrenarse.

La inteligencia emocional como habilidad

El modelo P. Salovey y J. Mayer define la inteligencia emocional como una serie de habilidades: percibir emociones, comprenderlas, regularlas y usar esta información para guiar la conducta. Esta visión es la que popularizó Daniel Goleman.

A pesar de sus diferencias, ambas corrientes coinciden en algo importante: la inteligencia emocional se puede mejorar.

Cómo leer a los demás

Para una comprensión integral, basta con poner atención a los mensajes no verbales transmitidos mediante la voz y la gestualidad.

El lenguaje corporal que indica mala disposición para escuchar

La postura corporal, el movimiento de las manos o las expresiones faciales de tu interlocutor son fuentes de información:

  • Las cejas y la boca crispadas denotan agitación
  • Las piernas o brazos cruzados, que hacen perder al cuerpo su simetría, indican nerviosismo
  • Las manos cerradas revelan intranquilidad

Si lees que no es el momento, de poco sirve disculparte por ser inoportuno:

❌ «Siento chafarte el momento, pero debo recordarte que…».

Las características de la voz que indican mala disposición para escuchar

En el ejemplo de más arriba, José ha captado la agitación emocional de su compañero interpretando algunos de los rasgos de su voz:

  • un tono más agudo de lo habitual, que denota excitación
  • un volumen más alto de lo habitual, que indica agitación
  • titubeo, vacilación o muletillas, que revelan intranquilidad

Si percibes que no es oportuno, evita forzar la conversación:

❌ «Aunque no sea el momento ideal, tenía que decirte que…».

Si quieres saber en qué punto te encuentras, aquí tienes un test del Greater Good Science Center (Universidad de Berkeley) de inteligencia emocional.

La alta sensibilidad y la intuición

Las personas con una sensibilidad alta poseen una valiosa capacidad para percibir con detalle los matices del entorno. En el contexto de una conversación, puede tratarse de cambios sutiles en la voz, el gesto y la energía, que ponen de manifiesto la situación emocional de su interlocutor. Elaine Aron lo describe como una mayor capacidad para detectar matices sutiles del entorno o reconocer el clima emocional.

Malewska, Chomicki y Nowak publicaron en 2024 los resultados de su estudio sobre el papel que juega la intuición en el proceso de toma de decisión en el contexto de las personas altamente sensibles. El estudio se centra en personas directivas, un grupo profesional que se ve a menudo obligado a decidir sin información suficiente. La conclusión parcial de este estudio, es que las personas con una sensibilidad alta que están sometidas a presión hacen más uso de su intuición para decidir con rapidez. En cambio, las que no están sometidas a presión, no confían tanto en su intuición.

En el artículo Cuánta es demasiada inteligencia emocional abordaré la contrapartida negativa de esta capacidad.

La inteligencia emocional no es un concepto abstracto. Prestar atención a cómo suena la voz y a cómo se mueve el cuerpo es una pauta concreta que puedes empezar a aplicar para entender de manera completa lo que te dicen y poder hablar en el momento adecuado, manteniendo así conversaciones eficaces.

Para escribir este texto he consultado el material formativo sobre sensibilidad de procesamiento sensorial ofrecido por PAS España y la web de Elaine Aron, The highly sensitive person, donde también se recoge la más reciente investigación científica sobre este rasgo.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales españolas.

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