Improvisación

La improvisación en el trabajo

Colaboro con una profesora universitaria que necesita trabajar por teléfono, porque le “ayuda a pensar y a expresarse mejor”.

Se trata de una persona algo más que habladora. Puede desenvolverse sin orden del día. La inmediatez es su resorte, y lo cierto es que su espontaneidad genera ideas frescas y mucha libertad. Trabajando codo con codo con ella, me parece casi impensable poder desenvolverse en el ámbito laboral sin ese don de la improvisación. 

Pero son numerosos los profesionales que, pese a no tenerlo, aportan mucho a sus equipos. Conozcámoslos mejor.

Los profesionales a quienes les gusta improvisar


Hay profesionales que piensan mejor hablando, que afinan sus ideas en la interacción y que necesitan contrastar lo que piensan con los demás para seguir avanzando. En reuniones, tienden a intervenir sin esperar su turno, a elaborar sobre lo que dicen otros .

La energía que generan es valiosa. Ese intercambio rápido es ideal en dinámicas de ideación o en espacios abiertos de debate.

Su comunicación es directa y ágil y prefieren conversaciones frente a mensajes escritos sobre todo si son largos y detallados.

Para aprovechar al máximo lo que aporta al grupo su forma de trabajar, lo ideal es facilitar su intervención desde el inicio e incluir momentos informales, antes o después de las reuniones, donde puedan dar rienda suelta a su espontaneidad.

Los profesionales que no saben improvisar

Los que son reflexivos y necesitan tiempo para procesar la información tienden a ser:

  • analíticos
  • rigurosos con los matices
  • buenos planificadores

¿Se puede decir que son introvertidos porque necesitan (como explicaba aquí) análisis y preparación? Quizá. Pero tengamos en cuenta que su necesidad de anticipación puede no darse en otra situación laboral. Y, por otro lado, no olvidemos que dicha necesidad no se limita a un tipo específico de personalidad.

Lo que sí parece claro es lo mucho que aportan al equipo los profesionales más reflexivos: 

  • su procesamiento profundo de la información los lleva a tomar decisiones contrastadas 
  • su enfoque, más pausado y minucioso, suele conducir a soluciones probadas

Cómo involucrar a los profesionales que no saben improvisar

Reconocer la diversidad de personalidades en un grupo es el primer paso. Luego viene el reajuste de las dinámicas. Estas son algunas sugerencias para sacar los mejor de aquellos que necesitan pensar antes de hablar:

1- Convocar con unas horas de antelación

➡️ Ejemplo: Reunión de revisión de estrategia

Tener un preaviso, aunque sea breve, para una reunión suele bastar a casi todos los profesionales que necesiten prepararla. Ubicar y revisar la información para poder presentarla de manera estructurada y fluida sin duda aportará más valor al equipo.

2- Incluir unos minutos de reflexión individual en el orden del día

➡️ Ejemplo: Sesión de lluvia de ideas 

A veces, las convocatorias tienen que hacerse sobre la marcha. En estos casos, se puede incluir al inicio cinco minutos de reflexión silenciosa e individual. Algunos profesionales solo demandan ese tiempo para tener la oportunidad de generar, anotar y estructurar unas ideas preliminares relevantes que pueden marcar la diferencia para todos.

Ser conscientes de cómo hacemos las cosas, cómo las hacen los demás y lo que cada uno aporta es básico para colaborar mejor en el trabajo. Tener en cuenta las preferencias individuales puede transformar el entorno laboral haciéndolo más eficaz y también más sano.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Foto de Nazar Yakymenko.

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Hablar mucho no significa conectar

Tendemos a pensar que las personas sociables tienen la capacidad de conectar con los demás, su fuente de energía y disfrute. Y es cierto que los extrovertidos suelen sentirse cómodos expresándose en todo tipo de circunstancias. Pero, en las relaciones personales, hablar mucho y además hacerlo sobre temas banales, genera desconexión. Para que el intercambio fortalezca nuestra relación con los demás:

Hay que saber escuchar

Si no sabemos parar a escuchar, será imposible que se produzca conexión. Ponerse en el lugar del otro es un requisito fundamental porque fomenta: 

1- La comprensión: al prestar  atención a nuestro interlocutor, reflexionar sobre su mensaje y responderle, pasaremos de oír simples palabras a entender las intenciones y emociones que hay detrás de ellas. Así, mediante la comprensión profunda de la otra perspectiva, generaremos confianza.

2-La validación: al intentar comprender los sentimientos ajenos, ya no seremos simples receptores de la información, sino que estaremos fomentando el respeto mutuo.

3- La confianza: legitimar la postura de los demás no significa estar de acuerdo con ella sino reconocer lo que estos expresan. Es una manera de que nuestros interlocutores se sientan valorados

Hay que hablar de cosas relevantes

Si acaparamos sistemáticamente la conversación diciendo poca cosa con muchas palabras, será difícil que los demás quieran escucharnos. Ser reflexivo ayuda a encontrar temas de conversación relevantes, fomentando así relaciones de calidad, y nos lleva a tener:

1- Mayor autoconocimiento: evaluar nuestras acciones, motivaciones y creencias nos hace evaluar nuestro propio comportamiento, permitiéndonos  expresar de manera precisa ideas y sentimientos.

2- Mayor inteligencia emocional: empatizar con los demás, conectando con ellos a nivel emocional y comprendiendo sus sentimientos y sus perspectivas nos ayuda a relacionar las experiencias ajenas con las propias.

3- Mayor objetividad: conocer nuestras respuestas emocionales y cómo influyen en ellas nuestros prejuicios es crucial para tener una comprensión más equilibrada y objetiva de uno mismo y de los demás. 

En comunicación, la receta perfecta para un intercambio de calidad es reducir la cantidad de palabras vacías y asegurar una buena escucha. Si queremos enriquecer nuestra vida personal, tomemos conciencia de nuestra manera de comunicar.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Foto de Priscilla du Preez.

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Presentar sin aburrir

Cómo presentar temas aburridos sin aburrir 

Hablar de un tema poco seductor pone a prueba tu habilidad de presentar. Hoy te hablo de las preguntas que debes hacerte para que tu presentación tenga la cualidad que considero más importante; que esté personalizada en función de la audiencia.  

Qué le interesa 

No se trata de lo que tú necesitas contar, sino de lo que ellos ganan si te escuchan. 

Entonces, en vez de hablar en primera persona del singular, como en este ejemplo: 

Hoy os explico en cuatro minutos cómo tenemos que aplicar el protocolo de seguridad. 

Formula el objetivo de tu charla según el beneficio de la audiencia, en primera persona del plural: 

Si me prestáis solo cuatro minutos de atención, podréis aplicar el nuevo protocolo de seguridad. 

Qué piensa 

Si anticipas la reticencia de las personas a las que te diriges, no dudes en ponerla sobre la mesa: 

Dí:

Sé que estamos inmersos en los informes trimestrales pero, con estas pautas, que no me llevará más de 5 minutos explicaros, organizaremos mejor el trabajo. 

En lugar de obviarla: 

Todos debemos poner en práctica este protocolo el 1 de junio. 

 

Cuánto sabe 

Recuerda lo difícil que  te resultó a ti entender el protocolo en cuestión. Evita poner a tu audiencia en la misma situación y transforma las frases abstractas en instrucciones concretas. 

En lugar de usar expresiones técnicas: 

El acceso al área restringida requiere la autenticación mediante credenciales biométricas y la validación de un token de seguridad emitido por el sistema de gestión de identidades. 

Usa instrucciones fáciles de visualizar:

Para acceder al edificio F, debéis notificárselo de antemano a Manuel, que os preparará una tarjeta de acceso. 

Qué le entretiene  

No puedes pedir atención, tienes que ganártela. Rompe los patrones con una comparación inesperada: 

 Aplicar el nuevo protocolo de seguridad es una tarea parecida a emparejar los calcetines de la colada. Si no lo haces ordenadamente, cada día perderás tiempo buscando la pareja adecuada. 

Adaptar el mensaje a la audiencia me parece lo más importante para que este cale de verdad. Si observas que no has conseguido la atención esperada, ajusta el contenido para conectar mejor con una información relevante y un lenguaje atractivo.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

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Preguntar para saber

Lo que quieres saber cuando preguntas

En este post recopilaba el uso que hacemos de las preguntas cuando no nos atrevemos a afirmar.

Ahora veremos en cambio, qué dos objetivos tenemos en mente cuando usamos los puntos de interrogación para preguntar.

Saber más

1- Obtener un dato

Si necesito que mi interlocutor puntualice o complete información a modo de “ficha”, le haré una pregunta cerrada (que se contesta con una palabra): 

➡️ ¿Eras mayor de edad en 1990? 

2- Obtener muchos datos

Si necesito obtener mucha información sobre un tema, formularé una pregunta abierta, esto es, una pregunta que invita a explayarse:

➡️ ¿Qué te pareció su decisión de irse a vivir a Australia?

Saber qué y cuánto contar

1- Qué contar

En ciertas circunstancias, es útil conocer lo que mi interlocutor necesita saber, para poder facilitarle información a la medida de sus expectativas.

Si, por ejemplo, trabajo, recurro al sondeo para que mi cliente potencial comparta detalles importantes:

  • Mediante una pregunta abierta, para dejarle espacio para expresarse: 

➡️ ¿Estáis alcanzando vuestros objetivos en materia de paridad de género en la alta dirección? 

  • Mediante una pregunta hipotética, para que pueda visualizarse en una situación de peligro potencial  desde la tranquilidad de una conversación:

➡️ ¿Qué podría pasar si  un día  el presidente de la Federación de Fútbol tuviera un comportamiento del todo  inaceptable en público? 

Las preguntas de sondeo tienen la virtud de centrar la conversación y de hacerla más específica, pero un uso excesivo puede convertirla en un interrogatorio. 

2- Cuánto contar

En otras circunstancias, puede ser muy útil saber cuánto sabe mi interlocutor sobre el tema que tengo pensado desarrollar. Si, por ejemplo, voy a hacer una presentación  en público, puedo  calibrar de dos maneras lo que conoce la audiencia:

  • Haciendo una pregunta a la que se contesta alzando la mano

➡️ ¿Podéis levantar la mano los que conozcáis el método hawaiano de resolución de problemas ho’oponopono?  

  • Enviando la pregunta por escrito a los asistentes antes de la presentación.

Las preguntas destinadas a calibrar cuánto decir son importantes. Adaptar el discurso  a los conocimientos del interlocutor es óptimo en comunicación.

Si preguntas de manera adecuada, conseguirás que tu interlocutor te facilite solo los datos que necesitas y también podrás adaptar el tema y la cantidad de información de tus intervenciones. Comunicar eficazmente también pasa por formular bien tus preguntas. 

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Foto de Canva tuneada por Elena.

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Introversión y oratoria

Cuatro fortalezas de los introvertidos perfectas para la oratoria

Acabamos de ver que, por la naturaleza de este formato de comunicación,  hablar en público es una habilidad ideal para las personas introvertidas. 

Ahora quiero subrayar que, además, los introvertidos presentan cuatro fortalezas idóneas para convertirse en buenos oradores.

1:  Anticipación

A los introvertidos les gusta invertir tiempo en reflexionar, en saber cómo y por qué pasan las cosas. No es de extrañar que les guste tener  tiempo para pensar antes de hablar.

➡️ La oratoria requiere anticipación y ensayo. Esta exigencia se adapta perfectamente a la necesidad que tiene el introvertido de poder prepararse antes de lanzarse a comunicar.

2: Escucha

La capacidad de escucha de un introvertido es alta. Esto le permite una comprensión profunda de las cosas y de las personas que lo rodean.

➡️ Adaptar un discurso a las necesidades de la audiencia potencia su impacto y asimilación. Anticipar los intereses y las necesidades de la audiencia es una aptitud clave para conectar eficazmente.

3:  Profundidad

Un introvertido dedica mucho  tiempo a profundizar en ideas, así como en las emociones. Un estudio de Harvard demuestra que su córtex prefrontal -la zona del cerebro asociada al pensamiento abstracto- está más desarrollado.

➡️ Dicha introspección a la hora de pensar fomenta intercambios igualmente profundos y significativos. Los discursos no son una excepción. Un orador introvertido tiene una mayor capacidad de desarrollar temas estimulantes en sus presentaciones.

4:  Pasión

Esos temas a cuyo análisis y estudio dedican tanto tiempo se convierten en la pasión de las personas introvertidas, que llegan a ser especialistas en materias relevantes.

➡️ El discurso es el formato perfecto para que el presentador comparta lo que más le importa. El entusiasmo que ponen en sus elocuciones convierte a los oradores introvertidos en auténticos líderes de opinión.

Como ves, ser introvertido es toda una baza para hablar en público. Si te reconoces en este rasgo de personalidad, aprovéchalo para practicar el acto de comunicación que llega a más personas: la oratoria.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Foto de Aaron Andrew Ang.

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Tres características de la oratoria idóneas para un introvertido

Por sus características, la oratoria, una habilidad valiosa tanto en el ámbito profesional como personal, cuadra del todo con el carácter introvertido. 

Un apunte es necesario. Una persona introvertida es aquella para la que los intercambios con los demás suponen un desgaste que luego necesita compensar estando un tiempo a solas.

1: El formato

Hablar en público ante una audiencia, ya sea de 10 o de 100 personas, no supone un problema para un introvertido.

La energía de una persona introvertida no se ve comprometida en una presentación ante el público porque, en esta, la interacción es moderada.

Como hemos dicho, lo que caracteriza a una persona introvertida es que mantener una conversación con un único interlocutor puede resultarle extenuante.

2: La preparación

La oratoria es un tipo de comunicación unilateral que requiere que el presentador prepare de antemano lo que va a decir.

El introvertido tiene la necesidad de organizar sus ideas antes de comunicarlas. La unilateralidad de la oratoria cuadra perfectamente con su temperamento.

3: La duración

Según los estudios, la duración de un discurso no debería exceder los 18 minutos, el lapso durante el cual somos capaces, como audiencia, de mantener la atención.

La energía de una persona introvertida no se ve mermada durante una exposición social tan breve. Aun extendiéndose más allá de este lapso recomendado, presentar en público tiene una duración limitada asumible para un introvertido.

Como ves, si eres introvertido es posible que la oratoria sea el formato ideal para exponer tus ideas. Con tus elocuciones recibirás una recompensa que quizás ni siquiera habías imaginado. Podrás compartir de manera ordenada lo que sabes y con muchas personas.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Foto de Eiseke Bolaji.

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preguntas cargadas

Preguntas cargadas

¿Sabías que a veces te sirves de preguntas para atacar verbalmente? Esas son las preguntas cargadas.

Como a veces es difícil decir lo que piensamos o sentimos, usamos este tipo de preguntas, las preguntas cargadas, para expresar lo siguiente.

1: Manipulación

Si estás sentad@ en un sofá, para evitar levantarte y que, por ejemplo, te pidan una bebida, haces esta pregunta negativa

¿No quieres tomar nada? 

2: Amenaza

Para moldear una respuesta según tu propio interés sesgo, haces esta pregunta capciosa:

¿Verdad que quieres quedarte con mis cuatro gatos este puente y así poder cogerte tú el siguiente?

3: Burla

Cuando quieres defender tu opinión (una evidencia, según tu punto de vista) a veces recurres a la ironía y expresas exactamente lo contrario de lo que preguntas, como con este otro giro retórico:

¿Pensabas que no me daría cuenta?

4: Reprimenda

Otras veces, para regañar a tu interlocutor, te muestras condescendiente. Esta opción, que es igual de agresiva que una reprimenda, se puede expresar con un tercer tipo de formulación retórica:

¿Cuántas veces hay que deciros que las reuniones no se convocan sin orden del día?

Ahora ya conoces los cuatro ataques que esconden tus preguntas cuando no te atreves a hablar de manera directa. La próxima vez, anímate y prueba a expresar sin rodeos lo que piensas y sientes.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Foto de Canva tuneada por Elena.

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Escucha activa

Cómo escuchar para comprender

Para comprender a los demás hay que escuchar con atención y sin interrumpir. Estas dos habilidades de comunicación no son tan frecuentes como parece porque, a veces, para agilizar una conversación redirigimos lo que  intentan decirnos o terminamos las frases ajenas. Otras veces, ponemos atención solo en lo que consideramos esencial, escuchamos mientras realizamos otra tarea o ensayamos mentalmente nuestra respuesta mientras nuestro interlocutor habla. El resultado es que, una vez terminada la conversación, nos es difícil recordar lo que  nos han dicho realmente.  

Para qué sirve escuchar 

Cuando escuchamos atentamente, minimizamos el riesgo de pasar por alto información clave necesaria para poder comprender y aprendemos, accediendo a conocimiento que no teníamos.

Además, escuchar sirve para aprender, dándonos acceso a conocimiento que no tenemos.  

Además, escuchar atentamente nos hace ser percibidos como personas inteligentes. Paradójicamente, a veces pensamos que la manera de demostrar nuestra inteligencia es hablando. 

Finalmente, escuchar es esencial, tal y como explicaba en el artículo anterior, para conectar con los demás.

Cómo escuchar 

La escucha activa es un concepto desarrollado en 1957 por Carl Rogers y Richard Farson en su esfuerzo por modelizar las aptitudes clave de un buen psicólogo, cuya finalidad es comprender. 

Aunque la escucha es una habilidad básica, no todos la hemos adquirido adecuadamente. 

Para escuchar bien, además de mantener la atención en tu interlocutor y  no interrumpirlo, es importante lo siguiente: 

1- Demostrar que estás escuchando

  • Mantén contacto visual; 
  • Señala que estás atento
  • Orienta tu cuerpo hacia la persona que habla.
  • Demuestra que estás siguiendo la conversación: asiente con la cabeza y utiliza expresiones de refuerzo como «ajá».

2- Verificar que has comprendido

Reformula lo dicho para que tu interlocutor pueda: 

  • Aclarar algo que no hayas captado bien;
  • Rectificar algo que no haya expresado correctamente. 

La próxima vez que alguien te cuente algo, plantéate si tu intervención añade valor. A veces, escuchar, ganar conocimiento y entender mejor a los demás es el mejor resultado de una interacción. 

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales españolas.

Foto: Lynda B

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por qué nos gusta trabajas con algunas personas y no con otras

Por qué nos gusta trabajar con algunas personas y no con otras

En el trabajo debes relacionarte con personas que no eliges. Con algunas te resulta agradable interactuar, y es probable que con ellas  tu relación profesional sea más fructífera. 

Esa química se puede explicar. Una forma de hacerlo es aplicando lo que deberían ser las bases de una relación que necesita especialmente conexión: la de un paciente con su psicoterapeuta. 

Carl Rogers, el padre de la psicología centrada en la persona, establece seis características, entre  las que he elegido tres para aplicarlas a la comunicación. Esta, al fin y al cabo, es la representación más visible de una relación interpersonal. Las características de la comunicación nos explican por qué nos gusta trabajar con determinadas personas y no con otras.

Equidad: nos gusta trabajar con quienes nos tratan de igual a igual.

Llegar tarde puede ser la forma en que algunas personas comunican su superioridad en una relación.  Esto lo estudia la cronémica, la rama de la comunicación no verbal que analiza el papel del tiempo en la comunicación.  Si, por el contrario, llegamos puntuales a una reunión, demostramos un trato de igual a igual y de respeto por los demás.

➡️ Llega puntual a las reuniones.

Otra manera de reflejar que somos equitativos es dejando hablar a los demás.

Permitir que nuestro interlocutor se exprese sin interrumpirle demuestra nuestro deseo de escuchar lo que los demás pueden aportar. 

Favorecer que nuestros interlocutores puedan desarrollar sus ideas hasta el final transmite que consideramos que las contribuciones de los demás están al mismo nivel que las nuestras.

➡️ Respeta el turno de palabra.

Neutralidad: nos gusta trabajar con personas que no nos juzgan.

Para colaborar bien es necesario valorar de manera incondicional a los demás así como sus opiniones, sin imponer juicios de valor.  Esto no implica  que estemos conformes con todas las opiniones ajenas ni que aceptemos cualquier comportamiento.

La manera más eficaz de demostrar neutralidad y apertura de mente es escuchar, algo que puede expresarse con todo el cuerpo:

  • poniéndose de cara al interlocutor;
  • estableciendo contacto visual con él; 
  • evitando hacer otra tarea al mismo tiempo.

➡️ Escucha con todo tu cuerpo.

Cuando llegue el momento de contribuir en la conversación, los otros tendrán sin duda más ganas de escuchar nuestras ideas si no incurrimos en ciertos tipos de comunicación:

  •  La que revela prejuicios

Seguro que estarás de acuerdo conmigo si te digo….

  • La que lleva a hablar en boca de otro: 

Lo que en realidad quieres decir…

  • La que deja traslucir condescendencia

Tranquilízate.

 ➡️ Evita el lenguaje que pone a tu interlocutor a la defensiva.

Apertura: nos gusta trabajar con quienes son capaces de ponerse en nuestra situación.

Estar de brazos cruzados puede resultar una postura cómoda  que además ofrece protección. En realidad,  traduce poca predisposición a escuchar siquiera. 

Esto lo analiza la kinesia, la rama de la comunicación no verbal que estudia las posturas adoptadas por todo el cuerpo durante la comunicación.

Este sería el lenguaje corporal de un comunicador abierto:

  • Torso girado hacia interlocutor
  • Cabeza alineada con el torso y mirada dirigida hacia interlocutor (¡algo no tan obvio como pareciera!)
  • ligero cabeceo en momentos clave, animando al interlocutor a seguir hablando.

➡️ Adopta el lenguaje corporal que proyecta receptividad.

No basta con escuchar y entender lo que nos cuenta nuestro interlocutor. Es necesario además demostrar que hemos entendido. Para ello, podemos:

  •  Intercalar en el discurso breves expresiones verbales como “ya”, “entiendo”, “ajá”, etc.
  • Reformular lo que hemos entendido, una vez que nuestro interlocutor haya terminado de hablar. Evitaremos en lo posible repetir palabra por palabra y trataremos de “etiquetar” la idea clave, como vemos en el siguiente ejemplo con la palabra “inquieto”:

Según he entendido, como jefe de departamento estás inquieto por no poder cumplir con los plazos.

 ➡️ Corrobora con tus palaras que has entendido el otro punto de vista.

Sin duda tienes la lucidez de detectar si algunos de tus intercambios en el trabajo no se adecúan a estos principios de equidad, neutralidad y apertura. Si es necesario, prueba a hacer estos ajustes.

Gracias a la comunicación, tus relaciones profesionales tendrán mayor recorrido. 

Comprender por qué te “gusta” más trabajar con ciertas personas te ayudará a conseguir que a los demás les “guste” especialmente trabajar contigo.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Foto: (C) Krakenimages tuneada por Elena.

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Cómo comunicar logros en el trabajo

Cómo comunicar tus logros en el trabajo

Ni la modestia ni la timidez deben ser una excusa que te impida compartir los logros que vas consiguiendo en el trabajo.

Si has puesto en práctica estos consejos, habrás asentado las bases de tu credibilidad. Ya se ha creado un clima positivo, y los que te rodean están más inclinados a creerte.

Es el momento de pasar a la segunda fase y de empezar a comunicar tus logros. Estos nuevos consejos te ayudarán a hacerlo de manera eficaz:

Comunicar con la voz 

Adecua tu voz a lo que vas a decir, de manera que reúna las características vocales de un mensaje creíble:

  • el tono es grave; 
  • la velocidad no supera las 170 palabras por minuto, para que sea inteligible;  
  • contiene pausas breves (máximo 3 segundos) que introducen una información relevante; 
  • el volumen es medio (60dB) y solo se elevará para subrayar verbos, cifras o conceptos clave;
  • tiene una entonación descendente.

Escucha en este vídeo cómo suena una afirmación creíble -con caída total de tono al final de la frase- y una afirmación dubitativa -sin caída total.

Comunicar con las palabras

Comparte información relevante para poner de relieve lo que aportas diariamente a la empresa:

En lugar  de logros imprecisos:

Nuestros seguidores en redes sociales han aumentado  mucho en el último trimestre.

Comparte datos:

Nuestros seguidores en redes sociales han aumentado  un 5% en el último trimestre.   

En lugar de tratar de realzar tus virtudes con calificativos  sin fundamento:

Soy un jefe excelente.

Subraya cómo impacta uno de tus logros en la organización:

Desde que superviso este procedimiento, el margen de error ha disminuido un 20%.

Comunicar sin palabras

Para proyectar sinceridad, haz que todo tu cuerpo acompañe tu elocución:

  • mira a los ojos de tu interlocutor; 
  • adopta una postura estable: brazos y piernas en posición simétrica y busto erguido;
  • mantén las manos abiertas y muévelas de manera natural.

Aplica estos consejos para que tus clientes internos o externos puedan valorar tu contribución al equipo. No dejes que tus logros queden silenciados, ¡toma las riendas de la conversación!  

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