empatía

Una médico explica de manera clara la medicación a su paciente cuya adherencia mejora.

Comunicar bien también es curar

En la consulta esperamos que el médico nos escuche, comprenda cómo nos sentimos y nos explique lo que nos ocurre. Cuando se introdujo el enfoque multidisciplinar de la medicina empezó a cuidarse más la comunicación  en consultas y hospitales, donde se va más allá del diagnóstico o la biología. Hoy se sabe que comunicar bien no solo es cuidar, como te explicaba en este artículo, sino que a veces también es curar. 

La empatía que baja el azúcar en sangre 

La evidencia científica ha confirmado que la empatía tiene efectos directos en los resultados clínicos.

Un estudio liderado por Mohammadreza Hojat en 2011 demostraba que los pacientes atendidos por médicos empáticos presentaban mejores niveles de hemoglobina glicosilada y colesterol, controlando así mejor su enfermedad.

Un segundo estudio realizado en Italia, y publicado en 2012, concluía que los pacientes tratados por médicos con un bajo nivel de empatía tenían más probabilidades de desarrollar complicaciones asociadas a la diabetes tipo 2. En cambio, aquellos atendidos por profesionales empáticos presentaban menos riesgos a largo plazo.

En ambos, la empatía de los médicos se evaluó mediante la Jefferson Scale of Physician Empathy. Este test, desarrollado en 2001, mide la capacidad de los profesionales sanitarios de comunicarse eficazmente, tomar en consideración los puntos de vista de sus pacientes y mostrarse compasivos.

Las palabras que te animan a tomar la pastilla 

La falta de adherencia a la medicación es uno de los grandes desafíos en la atención médica, y se ha demostrado que la comunicación con el profesional sanitario influye en ella. 

Según la revisión de 106 estudios realizada en 2009 por Zolnierek y DiMatteo , los pacientes tienen 2,16 veces más probabilidades de seguir un tratamiento si su médico es capaz de explicárselo bien.  Concretamente, los autores señalan las tres habilidades siguientes: 

  • Proporcionar información clara 
  • Cerciorarse de que el paciente ha comprendido 
  • Expresar empatía 

En este estudio no se midió la empatía con una escala específica, sino mediante acciones concretas del profesional sanitario tales como: 

  • Expresar una comprensión genuina sobre el estado emocional del paciente 
  • Formular preguntas abiertas para crear una relación de confianza 
  • Ponerse en la piel del paciente y valorar sus pensamientos y sentimientos antes de responderle 

Además, demostró que los médicos que reciben formación en estas habilidades comunicativas incrementan en un 62% la probabilidad de que sus pacientes sigan su tratamiento

Los hallazgos no dejan lugar a dudas. Cuando un profesional sanitario cuenta con las habilidades necesarias para comunicarse de forma clara, aumenta notablemente el compromiso del paciente con el tratamiento. 

En medicina no todo es biología

Los dos casos anteriores son aplicaciones del enfoque biopsicosocial en la práctica clínica. Fruto de las investigaciones del psiquiatra estadounidense George Engel, este modelo rompedor, formulado en 1977, propone curar comprendiendo la mente y el contexto social de cada paciente. 

En 2002, la Organización Mundial de la Salud adoptó el enfoque biopsicosocial como base de su Clasificación Internacional del Funcionamiento de la Discapacidad y de la Salud, consolidándolo como parte esencial de la atención sanitaria. 

La relación terapéutica entre el profesional sanitario y el paciente se construye con preguntas formuladas con un interés genuino, con explicaciones claras o con miradas atentas. La manera de comunicarse de los profesionales sanitarios forma parte del tratamiento y es una de sus competencias fundamentales, pues influye directamente en la salud de los pacientes. 

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Tu empatía y tu reflexión se interponen en tu comunicación

Cuando la reflexión se interpone en la comunicación

¿Tienes tanta perspectiva sobre las cosas que tus explicaciones suelen ser complicadas y tus conclusiones neutrales? Si es así, tu amplitud de miras puede estar distanciándote de tus interlocutores. 

Ser una persona reflexiva es un gran atributo y una característica de quienes tienen sensibilidad de procesamiento sensorial, como explicaba aquí . También, paradójicamente, puede convertirse en un obstáculo para una comunicación efectiva.  

Sal de la reflexión y reconduce tu comunicación interpersonal cuando notes desconexión, a la vez que sacas provecho de tus habilidades. 

Ve al grano para proyectar claridad 

Tomarte tiempo para pensar y aportar nuevas ideas o enfoques es valioso. A la vez puede ser la causa de que tus mensajes se diluyan y de que tus interlocutores pierdan el hilo. Para evitarlo:

Pregúntate qué quieres que la otra persona recuerde de lo que vas a decir. Es probable que veas múltiples ángulos y matices en cada situación. Céntrate en transmitir solo la esencia. 

Usa la técnica probada PREP (Punto, Razón, Ejemplo, Punto) de la que hablamos aquí , para comunicar de forma clara tus ideas, por muy complejas que sean. Esta estructura te permitirá también resaltar el fundamento de tus mensajes.  

Toma partido para proyectar tu compromiso 

La capacidad de tener una perspectiva amplia conlleva sopesar toda la información para emitir respuestas ecuánimes. En el mejor de los casos, tus posicionamientos serán neutros pero puede incluso que sean inexistentes si no consigues salir de la reflexión. En este contexto, tu naturaleza ecuánime puede leerse como una falta de implicación. Para evitarlo:

Utiliza tu atención para detectar señales de lenguaje no verbal como una herramienta estratégica. Convierte la desconexión de tu interlocutor en un acicate para la expresión directa. Por ejemplo, estas señales denotan desconexión: 

  • Falta de contacto visual 
  • Brazos cruzados 
  • Cuerpo girado hacia otra dirección 
  • Jugueteo con objetos 

Cuando presentes tu punto de vista, usa tu don natural para tender puentes. Esa gran fortaleza te respaldará mientras vas ganando confianza para emitir opiniones de manera más espontánea. 

La clave para comunicar de manera eficaz suele ser el autoconocimiento. Si sabes que tu naturaleza es reflexiva tendrás que ajustar esta característica para poder sacarle partido y conectar con los demás.  

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Para escribir este texto he consultado los libros y la web de Elaine Aron The highly sensitive person y el material formativo sobre Sensibilidad de procesamiento sensorial ofrecido por PAS España.

Imagen generada con Dall.e customizada por Elena.

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Médica genera confianza comunicando con su paciente de manera empática y clara

Comunicar bien también es cuidar al paciente 

El trato recibido en una consulta o en un hospital, lejos de ser accesorio, forma parte esencial del cuidado al paciente. Y, en gran medida, ese trato se construye con palabras y con gestos. 

En este artículo ofrezco pautas de comunicación para profesionales sanitarios para que cada paciente se sienta realmente cuidado.  

Cuidar es generar confianza

Desde hace décadas, en España se defiende una medicina que va más allá de la biología. En 1964, Pedro Laín Entralgo definió en La estructura de la relación entre el médico y el enfermo la relación médico-paciente como una amistad técnica en la que una de las funciones del médico es inspirar confianza y acompañar con benevolencia a cada paciente más allá del acto clínico.

Este enfoque anticipó la gran transformación que impulsaría, décadas más tarde, el informe Crossing the Quality Chasm, publicado en 2001 por el Institute of Medicine de EE. UU. Dicho informe subrayaba la necesidad de rediseñar la atención sanitaria, comenzando por un punto que suele obviarse: la experiencia del paciente. 

El estudio proponía abordar la vivencia de cada paciente para promover el cambio. El cuidado que recibe no  se construye solo con procesos organizativos o resultados clínicos, sino mediante la confianza, tal y como predecía Laín Entralgo. Y dicha confianza puede establecerse mediante una buena comunicación entre los profesionales sanitarios y cada paciente. 

Generar confianza comunicando de manera empática

Como ya vimos en el anterior artículo, la empatía no es un don reservado a unos pocos. Es una competencia profesional básica y, para el personal sanitario,  un recurso indispensable para conseguir, entre otras cosas, que cada paciente se sienta escuchado, respetado y acompañado; esto es: en confianza. 

Aquí presento unos ejemplos de cómo un sanitario puede expresar empatía hacia cada paciente: 

Presentándose

Identificarse crea un clima de cercanía y accesibilidad, y hace que el profesional deje de ser una mera “bata blanca”. 

Sentándose a su altura

Tomar asiento, en lugar de hablar de pie, transmite disponibilidad.  

Haciendo preguntas abiertas

Preguntar “¿cómo lo estás llevando?” en lugar de  “¿te duele?” Invita a explayarse más.   

Preocupándose por su dolor 

Preguntar cómo se encuentra, si tiene molestias o si ha descansado bien es una forma de validar su vivencia. 

Sonriendo 

Acompañar cualquier interlocución con una sonrisa o un toque de humor asegura que haya conexión.

Comportándose como quien no tiene prisa 

Comunicar con calma se refleja en el lenguaje corporal y transmite que se está realmente presente. 

Escuchando sin interrumpir 

Dejar hablar, sobre todo al inicio de la consulta, y escuchar con atención. (enlace al blog) 

Cuidando la intimidad 

Buscar un lugar adecuado para dar noticias delicadas o cerrar la puerta antes de hablar. 

 

Generar confianza comunicando de manera clara

La confianza también nace de la comprensión. Cuando el paciente entiende lo que le ocurre, lo que se le va a hacer y por qué, su nivel de preocupación disminuye. 

Estas son algunas fórmulas para que el personal sanitario puede ganar en claridad a la hora de expresarse: 

Verificando la comprensión

Hacer preguntas del tipo: “¿me he explicado bien?”. 

Eligiendo palabras sencillas 

Sustituir términos complejos por expresiones cotidianas 

Ejemplo: decir “estrechamiento de las arterias” en lugar de “estenosis arterial”

Utilizando frases cortas y con un orden lógico 

Expresar una sola idea por oración. 

Ejemplo: “Hoy vamos a hacerle una ecografía. Es una prueba que no duele. Nos ayudará a ver cómo está su hígado.” 

Aclarando los conceptos con metáforas 

Facilitar la comprensión de conceptos abstractos.

Ejemplo: “Los bronquios son tubos de ventilación. Cuando se inflaman, se estrechan. Por eso cuesta tanto pasar el aire, como si intentaras respirar por una pajita doblada”.

Recurriendo a ejemplos

Relacionar lo que se explica con situaciones familiares.

Ejemplo: “Este tratamiento es como cuando se cambia el aceite del coche: limpia por dentro y ayuda a que todo funcione mejor.”

Contando el cómo y el porqué

Explicar en detalle lo que se va a hacer.

Ejemplo: “Vamos a hacerle esta resonancia porque necesitamos ver si hay inflamación en las articulaciones. Dura unos 20 minutos. No le dolerá. Pero es importante que esté quieto durante la prueba. 

Dando explicaciones por escrito 

Hacer un dibujo sencillo para explicar, por ejemplo, la colocación de una prótesis de rodilla.  

Para un profesional sanitario, demostrar empatía y comunicar con claridad no es algo secundario: es una de las mejores formas que tiene de poner de manifiesto que cuida de cada paciente, haciendo que se sienta en confianza.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales españolas.

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Cómo ser capaces de leer a los demás

Cómo leer a los demás sin tener intuición

Carlos acaba de enterarse de que su equipo ha recibido un premio de la industria.  

José, que se acercaba a su mesa con la intención de pedirle un informe, lo felicita y da por concluido el intercambio.

¿Te reconoces en el comportamiento de José? Su reacción esconde dos componentes de la inteligencia emocional: tras comprender los sentimientos de Carlos, controla su impulso de hablar.

Si no te reconoces, hay buenas noticias para todos. La empatía requiere un tipo de intuición que se alimenta de evidencias, tal y como defiende este artículo. Para ser empático basta con que pongas en práctica lo que te presento aquí.  

La empatía: leer a los demás 

La mayor parte del tiempo, la comunicación oral y corporal de nuestro interlocutor nos proporciona un contexto valioso para entender sus palabras. Esa información muy real nos permite formarnos una idea completa de la situación.  

Otras veces, su gestualidad o su voz expresan lo que las palabras no se atreven a desvelar. Captar esos matices nos permite comprender mejor el mensaje. 

Si comprendemos las palabras de nuestro interlocutor teniendo en cuenta su estado emocional, podremos decidir si es el momento oportuno para hablar. Cuando leemos que nuestro interlocutor no está receptivo y, por lo tanto, no va a recibir adecuadamente nuestro mensaje, lo mejor será posponer la conversación. 

Así, el primer paso para demostrar inteligencia emocional, priorizando la efectividad de la comunicación sobre su urgencia, es tener la capacidad de leer a los demás. 

Cómo leer a los demás  

Para una comprensión integral, basta con poner atención a los mensajes no verbales transmitidos mediante la voz y la gestualidad. 

El lenguaje corporal que indica mala disposición para escuchar  

La postura corporal, el movimiento de las manos o las expresiones faciales de tu interlocutor son fuentes de información. 

  • Las cejas y la boca crispadas denotan agitación 
  • Las piernas o brazos cruzados, que hacen perder al cuerpo su simetría, indican nerviosismo
  • Las manos cerradas revelan intranquilidad 

Si lees que no es el momento, de poco sirve disculparte por ser inoportuno:  

❌ «Siento chafarte el momento, pero debo recordarte que…».  

Las características de la voz que indican mala disposición para escuchar 

En el ejemplo de más arriba, José ha captado la agitación emocional de su compañero, interpretando algunas de las cualidades de su voz: 

  • un tono más agudo de lo habitual, que denota excitación  
  • un volumen más alto de lo habitual, que indica agitación   
  •  titubeo, vacilación o muletillas, que revelan intranquilidad 

Si percibes que no es oportuno, evita forzar la conversación: 

❌ “Aunque no sea el momento ideal, tenía que decirte que…”. 

La inteligencia emocional suele confundirse con la intuición, un concepto abstracto. Pero prestar atención a cómo suena la voz y a cómo se mueve el cuerpo es una pauta concreta que puedes empezar a aplicar. 

Ponla en práctica para entender de manera completa lo que te dicen y poder hablar en el momento adecuado, manteniendo así conversaciones eficaces.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales españolas.

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empatía y comunicación

La empatía

Desde el mundo de la empresa hasta el del crecimiento personal se habla de empatía. Pero ¿qué es exactamente la empatía? 

En 1951, Carl Rogers (un psicólogo norteamericano del que te hablaba en «Por qué nos gusta trabajar con algunas personas y no con otras«) integra la empatía, una forma de conexión profunda con la experiencia ajena, entre las aptitudes que debe reunir un terapeuta para propiciar cambios en su paciente. El estudio de Rogers es una valiosa guía sobre cómo relacionarnos con los demás generando confianza y conexión. Quien introdujo el término de empatía e el campo de la psicología fue Edward B. Titchener en 1909.

Qué es la empatía 

La empatía es la capacidad de entender a los demás. Abarca los pensamientos, las emociones y las respuestas ante pensamientos y emociones. Se compone, pues, de tres facetas: la cognitiva, la afectiva y la conductual. 

Algunos piensan que esta forma de inteligencia que es la empatía consiste en una habilidad; otros, en cambio, consideran que se trata de un rasgo de personalidad. 

El psicólogo K. V. Petrides es de la segunda opinión, pues ve la empatía como una disposición natural y estable para percibir, comprender y reaccionar ante las emociones ajenas. 

En cambio, según los estudios de P. Salovey y J. Mayer, la empatía es una habilidad que se puede entrenar y afinar. Es esta visión la que Daniel Goleman popularizó, destacando la empatía como una de las cinco dimensiones clave de la inteligencia emocional, que tan esencial es para colaborar. 

En qué se traduce la empatía 

Estos son algunos pensamientos y comportamientos propios de una persona empática:

Mi compañera me dice que deja el trabajo para mudarse a una ciudad pequeña. Entiendo que para ella la familia es importante y comprendo su alegría. 

Un amigo me cuenta que lo han ascendido. Aunque empezamos a la vez y ahora él me supera, se lo merece y me alegro por él. 

Mi jefe vuelve frustrado de una reunión en la que su idea fue ignorada. Me duele que no valoren sus aportaciones. 

Creo que debemos organizar los turnos del equipo según la antigüedad, pero también entiendo que distribuirlos según la disponibilidad personal es una opción válida. 

Me molesta ver cómo otro comensal trata sin respeto al camarero. 

Un compañero me cuenta que lo han excluido de un proyecto. Le digo: “Piensa que este tipo de decisiones suelen ser políticas y no se basan en tu valía”. 

Tras una reunión de grupo en la que noto que mi nueva compañera se ha quedado callada, me acerco y le pregunto si necesita ayuda para organizar el trabajo. 

En cuanto entra por la puerta, sé si mi compañero ha tenido un mal fin de semana con su hijo. 

Si modelizamos estos comportamientos, ser empático consiste en: 

  • Tener la capacidad de reconocer la validez de una perspectiva ajena 
  • Reconocer señales emocionales en los demás (una habilidad que puedes medir mediante este test)
  • Intuir cómo se sienten los otros
  • Saber por qué las personas reaccionan de cierta manera 
  • Sentir con los demás, compartiendo estados emocionales positivos y negativos 

Para qué sirve la empatía

Para conectar (vuelve a leer mi artículo sobre cómo conectar, la finalidad básica de la comunicación)

  • Demostrando interés auténtico por lo que vive el otro. 
  • Expresando consideración  
  • Propiciando relaciones más profundas 

Para construir un diálogo

  • Parando y considerando el estado emocional del otro 
  • Ajustando las respuestas al estado emocional del otro. 
  • Adaptando el tono y el enfoque y respondiendo mejor a las necesidades de nuestro interlocutor. 

Para fortalecer nuestra propia seguridad

Cuanto más fluida y eficaz sea nuestra manera de comunicarnos, más confianza tendremos en nosotros mismos. 

Es natural que se hable tanto de la empatía, una habilidad que no es accesoria sino necesaria. Quien la cultiva tiene en sus manos una poderosa herramienta para conectar, relacionarse de manera genuina y comunicar eficazmente, esto es, para vivir mejor.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales españolas.

Foto: Canva

Temas: Comunicación verbal, Conectar, Empatía

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Pedirle a los demás que cambien

Comunicar mis necesidades personales

En el artículo «Mis necesidades personales» descubrí que mis necesidades personales son mi combustible interno y que distinguirlas me proporciona un valioso autoconocimiento.  

Hoy veremos que la propuesta de la Comunicación no Violenta (CNV) es hacer uso de este conocimiento para pedirles a las otras personas cambios que inciden en mi bienestar. 

Por qué hacer peticiones 

Según la CNV, fomentar las relaciones colaborativas tiene estos dos beneficios: 

Liberar a los demás responsabilizándome de mis necesidades personales

Cada necesidad no cubierta se traduce en un sentimiento de malestar. Al verbalizar mi necesidad, asumo que soy la única persona responsable de sentirme mal y libero de toda carga a los que me rodean.  

Por ejemplo, digo:  

Me he llevado un chasco al no verte en casa de Pepa porque quería hablarte del proyecto en Atacama.   

En lugar de: 

Cuánto me ha decepcionado que no fueras a casa de Pepa porque quería hablarte del proyecto en Atacama. 

Vivir en colaboración dando a conocer mis necesidades personales

A menudo creemos que el mero hecho de convivir nos permite conocernos y comportarnos de manera acertada con compañeros, amigos y familia. La realidad es que es imposible que esto ocurra si no expresamos lo que necesitamos. 

Para conseguir que los demás cambien algo, tanto en el ámbito privado como profesional, debo despertar su deseo de contribuir a mi bienestar, y una de las condiciones, que repasaremos debajo,  es pedírselo de manera explícita. 

Por ejemplo, digo:  

Necesito que escuches y que entiendas el reto en todos sus matices antes de proponerme soluciones. 

En lugar de:  

Necesito un colaborador empático. 

Cómo hacer peticiones 

Según la CNV, las innumerables formas posibles  de satisfacer una necesidad se llaman estrategias. Para poner en práctica una estrategia y pedirle a alguien que cambie de comportamiento tengo que hacerle peticiones de manera específica. 

En primera persona del singular: 

Necesito hacer la cama para empezar el día con buen pie. 

En lugar de: 

Para empezar el día con buen pie, hay que hacer la cama. 

En positivo:  

Me gustaría que, cuando seas la última en irse, cierres la puerta con doble llave.  

En lugar de:  

No me gusta lo irresponsable que eres.  

Y, si es necesario, mencionando mi necesidad: 

Me gustaría que, cuando seas la última persona en irse, cierres la puerta con doble llave porque no duermo bien si no tengo la certeza de que la oficina está segura. 

De manera concreta:  

Te agradezco que me digas algo positivo que haya hecho durante nuestra presentación.  

En lugar de:

 Te agradezco que me des tu opinión.  

Los límites de las peticiones  

La Comunicación NoViolenta no ofrece técnicas coercitivas. El difícil ejercicio de identificar una necesidad, pensar cómo satisfacerla y hacerle una petición a alguien no garantiza el éxito . 

Si no consigo despertar el deseo natural de colaboración, probablemente sea porque no lo he fomentado con anterioridad, algo de lo que hablamos en este post. 

En este caso, siempre me queda la posibilidad de solucionar yo misma la situación.

Por ejemplo, en lugar de perder el tiempo enunciando: 

Me he llevado un chasco al no verte en casa de Pepa porque quería hablarte del proyecto en Atacama.   

Puedo coger el teléfono y contar el proyecto en Atacama.  

Pregúntate si el cambio de actitud de otra persona tiene la capacidad de contribuir a tu bienestar de manera significativa. Si es así, sopesa si ya hay establecido entre vosotros un clima de escucha y de colaboración y, de ser así, lánzate. Merece la pena fomentar la colaboración mediante el diálogo. 

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Para escribir este texto he consultado La comunicación NoViolenta en el trabajo además de la obra de Marshall B. Rosenberg, el creador de la Comunicación NoViolenta. 

Imagen generada con Dall.e.

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Hablar mucho no significa conectar

Tendemos a pensar que las personas sociables tienen la capacidad de conectar con los demás, su fuente de energía y disfrute. Y es cierto que los extrovertidos  suelen sentirse cómodos expresándose en todo tipo de circunstancias. Pero, en las relaciones personales, hablar mucho y además hacerlo sobre temas intrascendentes, genera desconexión. Para que el intercambio fortalezca nuestra relación con los demás:

Hay que saber escuchar

Si nuestra energía nos impide parar de hablar para escuchar, será imposible que se produzca la empatía. Ponerse en el lugar del otro es un requisito fundamental porque fomenta: 

1- La comprensión: al prestar  atención a nuestro interlocutor, reflexionar sobre su mensaje y responderle, pasaremos de oír simples palabras a entender las intenciones y emociones que hay detrás de ellas. Así, mediante la comprensión profunda de la otra perspectiva, generaremos confianza.

2-La validación: al intentar comprender los sentimientos ajenos, ya no seremos simples receptores de la información, sino que estaremos fomentando el respeto mutuo.

3- La confianza: legitimar la postura de los demás no significa estar de acuerdo con ella sino reconocer lo que estos expresan. Es una manera de que nuestros interlocutores se sientan valorados

Hay que hablar de cosas relevantes

Si acaparamos sistemáticamente la conversación diciendo poca cosa con muchas palabras, será difícil que los demás quieran escucharnos. Ser reflexivo ayuda a encontrar temas de conversación relevantes, fomentando así relaciones de calidad, y nos lleva a tener:

1- Mayor autoconocimiento: evaluar nuestras acciones, motivaciones y creencias nos hace evaluar nuestro propio comportamiento, permitiéndonos  expresar de manera precisa ideas y sentimientos.

2- Mayor inteligencia emocional: empatizar con los demás, conectando con ellos a nivel emocional y comprendiendo sus sentimientos y sus perspectivas nos ayuda a relacionar las experiencias ajenas con las propias.

3- Mayor objetividad: conocer nuestras respuestas emocionales y cómo influyen en ellas nuestros prejuicios es crucial para tener una comprensión más equilibrada y objetiva de uno mismo y de los demás. 

En comunicación, la receta perfecta para un intercambio de calidad es reducir la cantidad de palabras vacías y asegurar una buena escucha. Si queremos enriquecer nuestra vida personal, tomemos conciencia de nuestra manera de comunicar.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Foto de Priscilla du Preez.

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por qué nos gusta trabajas con algunas personas y no con otras

Por qué nos gusta trabajar con algunas personas y no con otras

En el trabajo debes relacionarte con personas que no eliges. Con algunas te resulta agradable interactuar, y es probable que con ellas  tu relación profesional sea más fructífera. 

Esa química se puede explicar. Una forma de hacerlo es aplicando lo que deberían ser las bases de una relación que necesita especialmente conexión: la de un paciente con su psicoterapeuta. 

Carl Rogers, el padre de la psicología centrada en la persona, establece seis características, entre  las que he elegido tres para aplicarlas a la comunicación. Esta, al fin y al cabo, es la representación más visible de una relación interpersonal. Las características de la comunicación nos explican por qué nos gusta trabajar con determinadas personas y no con otras.

Equidad: nos gusta trabajar con quienes nos tratan de igual a igual.

Llegar tarde puede ser la forma en que algunas personas comunican su superioridad en una relación.  Esto lo estudia la cronémica, la rama de la comunicación no verbal que analiza el papel del tiempo en la comunicación.  Si, por el contrario, llegamos puntuales a una reunión, demostramos un trato de igual a igual y de respeto por los demás.

➡️ Llega puntual a las reuniones.

Otra manera de reflejar que somos equitativos es dejando hablar a los demás.

Permitir que nuestro interlocutor se exprese sin interrumpirle demuestra nuestro deseo de escuchar lo que los demás pueden aportar. 

Favorecer que nuestros interlocutores puedan desarrollar sus ideas hasta el final transmite que consideramos que las contribuciones de los demás están al mismo nivel que las nuestras.

➡️ Respeta el turno de palabra.

Neutralidad: nos gusta trabajar con personas que no nos juzgan.

Para colaborar bien es necesario valorar de manera incondicional a los demás así como sus opiniones, sin imponer juicios de valor.  Esto no implica  que estemos conformes con todas las opiniones ajenas ni que aceptemos cualquier comportamiento.

La manera más eficaz de demostrar neutralidad y apertura de mente es escuchar, algo que puede expresarse con todo el cuerpo:

  • poniéndose de cara al interlocutor;
  • estableciendo contacto visual con él; 
  • evitando hacer otra tarea al mismo tiempo.

➡️ Escucha con todo tu cuerpo.

Cuando llegue el momento de contribuir en la conversación, los otros tendrán sin duda más ganas de escuchar nuestras ideas si no incurrimos en ciertos tipos de comunicación:

  •  La que revela prejuicios

Seguro que estarás de acuerdo conmigo si te digo….

  • La que lleva a hablar en boca de otro: 

Lo que en realidad quieres decir…

  • La que deja traslucir condescendencia

Tranquilízate.

 ➡️ Evita el lenguaje que pone a tu interlocutor a la defensiva.

Apertura: nos gusta trabajar con quienes son capaces de ponerse en nuestra situación.

Estar de brazos cruzados puede resultar una postura cómoda  que además ofrece protección. En realidad,  traduce poca predisposición a escuchar siquiera. 

Esto lo analiza la kinesia, la rama de la comunicación no verbal que estudia las posturas adoptadas por todo el cuerpo durante la comunicación.

Este sería el lenguaje corporal de un comunicador abierto:

  • Torso girado hacia interlocutor
  • Cabeza alineada con el torso y mirada dirigida hacia interlocutor (¡algo no tan obvio como pareciera!)
  • ligero cabeceo en momentos clave, animando al interlocutor a seguir hablando.

➡️ Adopta el lenguaje corporal que proyecta receptividad.

No basta con escuchar y entender lo que nos cuenta nuestro interlocutor. Es necesario además demostrar que hemos entendido. Para ello, podemos:

  •  Intercalar en el discurso breves expresiones verbales como “ya”, “entiendo”, “ajá”, etc.
  • Reformular lo que hemos entendido, una vez que nuestro interlocutor haya terminado de hablar. Evitaremos en lo posible repetir palabra por palabra y trataremos de “etiquetar” la idea clave, como vemos en el siguiente ejemplo con la palabra “inquieto”:

Según he entendido, como jefe de departamento estás inquieto por no poder cumplir con los plazos.

 ➡️ Corrobora con tus palaras que has entendido el otro punto de vista.

Sin duda tienes la lucidez de detectar si algunos de tus intercambios en el trabajo no se adecúan a estos principios de equidad, neutralidad y empatía. Si es necesario, prueba a hacer estos ajustes.

Gracias a la comunicación, tus relaciones profesionales tendrán mayor recorrido. 

Comprender por qué te “gusta” más trabajar con ciertas personas te ayudará a conseguir que a los demás les “guste” especialmente trabajar contigo.

Este texto ha sido editado por Isabel González-Gallarza, correctora de estilo y traductora de más de cien novelas publicadas en las más prestigiosas editoriales.

Foto: (C) Krakenimages tuneada por Elena.

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